Sebastian Guzman Diaz
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Arqueologías para después del fin del mundo

2024

Concebimos más fácil el fin del mundo que el fin del capitalismo. Hoy nos resulta más sencillo imaginar el total deterioro de la Tierra y de la naturaleza que el derrumbe del sistema capitalista. Ante la imposibilidad de ver una alternativa diferente a este modo de vida y sistema socioeconómico en que nos encontramos, solo nos queda el viejo y conocido eslogan de Margaret Thatcher: “No hay alternativa”, que sitúa a las doctrinas del norte planetario del liberalismo económico y el libre mercado como el único modo para el desarrollo de las sociedades modernas.


Esto ha hecho que vayamos perdiendo la capacidad de imaginar un futuro por fuera de escenarios distópicos regidos por el Antropoceno. Ahora, solo podemos concebir futuros en los que la destrucción natural y el declive de la civilización humana son inminentes. Sin embargo, esto no siempre ha sido así. En el siglo XVI, Tomás Moro imaginó una comunidad ficticia basada en los ideales filosóficos y políticos del mundo clásico y el cristianismo, ciudad a la que llamó Utopía.


Recientemente, ideologías posthumanistas vienen surgiendo en lo que Donna J. Haraway resume como “seguir con el problema”: imaginar futuros posibles a partir de fabulaciones especulativas colectivas.


El proyecto Arqueologías para después del fin del mundo busca establecer narrativas situadas en esta línea de investigación a partir de la reconstrucción ficticia de un mundo después de la ruina. Una vez hayamos tocado ese fin del mundo, ¿qué es lo que quedará?.


Es un esfuerzo por ver alternativas a la forma en que vivimos ahora, un intento de ver a través de nuestra sociedad afligida por el miedo y sus tecnologías obsesivas otras formas de ser, e incluso imaginar motivos reales para la esperanza.